El futuro de la humanidad: el ascenso de la Inteligencia Artificial

 


Puede resultar paradójico que en el siglo donde se producen las mayores innovaciones
científicas y tecnológicas, el futuro ya no le pertenezca al ser humano.

Es difícil de digerir esto teniendo en cuenta que la mayor cantidad de gente educada de la historia, los
millennials, no pueden contar con ingresos suficientes para independizarse, asumir el
costo de su educación y encontrar empleos adecuados.

Esto conduce indefectiblemente
a pensar en la obsolescencia de la especie en su faceta productiva-laboral, y también si
será la única forma de vida inteligente dominante en el planeta.

Por César Reyna

 


No son pocas las opiniones que advierten un futuro incierto, difícil y problemático para la raza humana con respecto a la irrupción de las máquinas de nueva generación desarrolladas durante la presente Revolución Industrial, denominada la Cuarta por diversos medios y académicos, y caracterizada por procesos productivos-económicos más automatizados, presencia en la vida diaria de robots, avance de la biotecnología aplicada a la medicina y la agricultura, y la consiguiente sustitución del trabajador por programas de software y robots capaces de realizar las mismas tareas a un menor costo y con mayor eficiencia.


Detrás de este cambio disruptivo, sin parangón en la historia de la humanidad, se encuentra el sector económico, o más concretamente, el 1% más rico de la población, titular de las principales industrias y empresas que mueven la economía mundial. Este grupo reducido de familias e individuos aspira introducir cambios radicales en la manera de elaborar bienes y brindar servicios a costa de una menor dependencia del factor humano en su producción.


Si antes la teoría económica desde Adam Smith postulaba que los elementos indispensables en la producción o el crecimiento de cualquier país eran el capital y el trabajo, ahora este paradigma se encuentra seriamente cuestionado, pues muchos empleos realizados por seres humanos no serán necesarios en la nueva economía dominada por el creciente auge de los robots, en particular por la preponderancia que tiene y tendrá aún más la llamada Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés).
La idea de reemplazar al ser humano por máquinas no es nueva, ya que se viene hablando de ello no solo en las obras de ciencia ficción, sino también durante el influjo de cada revolución industrial precedente por parte de varios pensadores. Es así que durante mucho tiempo se pensaba que la máquina desarrollaría las labores del hombre a tal punto que lo haría obsoleto en términos productivos y económicos, reduciendo,(2)por consiguiente, su papel como productor-consumidor en la vida social.

Pero las máquinas inventadas no tenían el propósito de competir de igual a igual o directamente con el hombre, sino liberarlo de las tareas más rutinarias o peligrosas, permitiéndole, de este modo, desempeñar otro tipo de oficios. Al fin y al cabo cada nueva máquina introducida al sistema de producción requería mecánicos que la reparen, tareas de mantenimiento progresivo, y nuevas piezas que debían ser diseñadas y fabricadas por inventores y trabajadores manuales. La máquina entró entonces a complementar las labores humanas, incrementando la productividad hora/hombre como ha venido sucediendo hasta la fecha.


Lo mismo ocurrió con la transición del campo a las ciudades que realizaron millones de trabajadores inicialmente agrícolas para luego convertirse en operarios de fábricas, y tras el ingreso de las computadoras a las oficinas.En ambos casos el cambio fue gradual pues dio tiempo a la población de asimilar el manejo de la nueva tecnología, previo proceso aprendizaje que se realizaba en las mismas fábricas u oficinas. Entre la segunda y tercera revolución industriales el hombre contó con tiempo para prepararse, lo que no le brindará –ni le está brindado- la Cuarta Revolución Industrial, también distinguida por la rapidez o velocidad con la que se producen los cambios.
Esta revolución presenta como seña de identidad a la Inteligencia Artificial (IA), capaz de realizar tareas que demandan gran o mediana especialización humana, conocimientos, procesamiento de datos e información, así como toma de decisiones basadas en evaluaciones desarrolladas por complejos programas informáticos (algoritmos). Es así que la IA se postula como principal sustituta del hombre en diversos oficios, y no solo los mecánicos o manuales, sino también los que requieren habilidades específicas o un grado de conocimiento superior. En ese sentido nadie podrá asegurar que tendrá empleo en el futuro, resida o no en una nación desarrollada.
La lógica de esta tecnología se halla en la matriz de pensamiento económico que rige a las empresas: la teoría de la maximización. Siendo esta su ‘leitmotiv’ encontramos en ella la causa principal que explica todos los cambios producidos y los que están por producirse. De ahí que la razón de ser de una empresa sea relativamente simple de explicar: producir utilidades o ganancias para el dueño o titular de la misma. En la economía moderna los titulares de empresas son los accionistas que esperan recibir dividendos de manera periódica para mejorar su posición dentro de la sociedad. En otras palabras, son los denominados rentistas de capital o capitalistas a secas. Ellos por lo general satisfacen una necesidad existente con un nuevo producto, o crean nuevas necesidades en los consumidores que estos no sabían que tenían hasta la introducción del nuevo producto. Su misión consiste básicamente en obtener la mayor cantidad de unidades monetarias del resto de la sociedad, esperando que el resto de la sociedad se las entregue de manera voluntaria, y si es factible, de manera compulsiva.
Algunas de las necesidades creadas por los capitalistas presentan características típicas de las adicciones, como la necesidad de fumar cigarrillos, beber alcohol, apostar en casinos o tragamonedas, jugar videojuegos, etc. De modo que cuanto mayor sea la necesidad del consumidor o su nivel de dependencia por un determinado producto,(3)mayor será la ganancia del capitalista generador de dicha necesidad.

Esto lo podemos apreciar concretamente en casos como la comercialización de opio en China durante el siglo XIX, cuyo mercado se disputaron principalmente Inglaterra, Holanda, Portugal y Francia. El opio, siendo una droga muy potente y adictiva, produjo un mercado cautivo que se volvió monodependiente del producto introducido por comerciantes occidentales.

Millones y millones de chinos se volvieron adictos al opio y el país, desarticulado, entró en una severa y prolongada crisis de la que salió tras expulsar a los invasores japoneses al final de la Segunda Guerra Mundial con el ascenso de Mao Zedong al poder.
Sin remontarnos tanto podemos citar el caso de las pastillas comercializadas como Daraprim, que se usan para tratar la toxoplasmosis, vendidas por Turing Pharmaceuticals, una compañía con sede en Nueva York, que adquirió los derechos para Estados Unidos. Turing Pharmaceuticals pertenece a Martin Shkreli. Producir cada pastilla cuesta US$1, y se vendía originalmente por US$13.50, pero pasó a venderse en 2015 a US$750, un 5.000% de aumento en el precio de un medicamento utilizado por enfermos de VIH/SIDA. Shkreli fue acusado de “avaricia corporativa”, “capitalismo rampante”, etc., por diversos sectores de la prensa, la sociedad y la política. La Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América, la Asociación de Medicina para el VIH y otras instituciones del mundo de la salud expresaron en una carta abierta a la empresa urgiéndole a reconsiderar su decisión. “Este costo es injustificable para la población de pacientes médicamente vulnerables que necesitan este medicamento e insostenible para el sistema de salud”.


Ahora bien, la empresa como actor económico preponderante busca maximizar la ganancia obtenida durante el proceso de producción y comercialización de sus productos, esto es, conseguir mayores ingresos que aseguren no solo una mayor renta a sus dueños o titulares, sino su supervivencia en un mercado competitivo, incierto y cambiante. Con más recursos económicos disponibles la empresa puede planificar mejor su futuro y desarrollar nuevos productos que satisfagan las mismas u otras necesidades de los consumidores. De esta forma garantiza su supervivencia en el mediano o largo plazo.
Pero para lograr ello debe ser mucho más eficiente en el uso de los recursos o factores involucrados en la producción, de ahí que efectúe recortes periódicos de personal para ajustarse a sus necesidades y las condiciones reinantes en el mercado. La introducción de nueva tecnología en sus líneas de producción y desarrollo le permite prescindir del factor humano, o mejor dicho, del trabajador común y corriente para ahorrar costos laborales y otros rubros asociados al factor trabajo. Así, por ejemplo, a una máquina o programa inteligente no se le paga, no enferma, no recibe vacaciones, no percibe utilidades, no promueve huelgas, no tiene falta de motivación, no se cansa, no requiere cumplir con cierta normativa de seguridad e higiene laboral, no busca mejores condiciones de trabajo, no se sindicaliza, etc.

Entonces tiene sentido para la empresa, desde la lógica de la maximización, adquirir máquinas o programas informáticos que reduzcan significativamente sus costos de producción, así como sus gastos corrientes.(4)
Recordemos también que la empresa no tiene como objetivo central, ni siquiera secundario, el hecho de crear empleos -que los crea, qué duda cabe-, pero por necesidad y no porque realmente lo desee. La empresa como unidad económica de producción no es una agencia de empleos ni mucho menos una beneficencia. Cuando ofrece plazas laborales para determinadas tareas o funciones es porque debe cubrirlas para continuar produciendo y aumentar o mantener la ganancia del capitalista. Las empresas no le hacen ningún favor al trabajador al darle empleo temporal o permanente, sino que satisfacen una necesidad esencial ligada al giro de su negocio o core business. Esto debemos tenerlo siempre presente.
Las empresas son promotores de este cambio disruptivo en la manera de producir que experimenta la humanidad. Este cambio se gesta principalmente en laboratorios universitarios y centros especializados de investigación de grandes corporaciones multinacionales que buscan soluciones más eficaces y eficientes a los problemas que tienen las empresas en su búsqueda por ganar mayor participación de mercado y competitividad. No es que piensen originalmente en las necesidades humanas básicas, ni en los trabajadores que dejan de prescindir, sino en el desarrollo de nuevos productos que aseguren beneficios inmediatos y apreciables para sí mismas.


Esto nos pone de lleno en el asunto que venimos a plantear: el de la obsolescencia humana. Pero antes de tratarla debemos recordar que los primeros en ser obsoletos han sido -y vienen siendo- los objetos que consumimos. Esto se denomina proceso de destrucción creativa, concepto popularizado por el economista austriaco Schumpeter en Capitalismo, socialismo y democracia (1942) para explicar los cambios introducidos por las cadenas de producción industrial y técnicas correspondientes a la Segunda Revolución Industrial. Schumpeter describe el proceso de innovación que tiene lugar en una economía de mercado en el que los nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio. Para él, las innovaciones de los emprendedores son la fuerza que hay detrás de un crecimiento económico sostenido a largo plazo, pese a que puedan destruir en el camino el valor de compañías bien establecidas.
Con la obsolescencia de los objetos, que son dejados de lado por otros nuevos, de aparente mejor calidad y diseño, el empresario asegura el consumo constante de su producción. Por ejemplo, si antes una cocina, refrigeradora o lavadora duraba toda una vida, ahora estos bienes se reemplazan ni bien sufren un pequeño desperfecto o aparece un nuevo artefacto que ahorra consumo de energía y tiene nuevas funciones. Puede que los productos mencionados no necesitan ser cambiados por encontrarse en perfecto estado y todavía resulten útiles, pero el marketing y la publicidad los torna obsoletos. En el caso de los teléfonos inteligentes desarrollados por Apple, los IPhone, se ha creado tal nivel de adicción que muchas personas forman largas colas durante días esperando el nuevo modelo que lanza la compañía fundada por el fallecido icono Steve Jobs. Tal es la necesidad creada por las agencias y los medios de comunicación que lo útil deja de serlo y pierde valor en muy corto tiempo.(5)

Investigaciones y algunos datos relevantes

Esta obsolescencia que caracteriza a los productos que consumimos, sobre todo los digitales, es ahora propia del ser humano en su faceta de trabajador asalariado o incluso independiente. La obsolescencia, a no dudarlo, será el rasgo determinante y esencial de las presentes y futuras generaciones de seres humanos por el innegable influjo de la tecnología. Esta no solo ha venido a desplazar y destruir empleos, sino a reducir o deprimir los salarios de aquellos que se encuentren efectivamente laborando en otras ramas de la economía. Un reciente estudio elaborado por Dan Acemoglu (MIT) y Pascual Restrepo (Yale), difundido a través del Buró Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos, da cuenta del uso de robots en la industria norteamericana durante el periodo comprendido entre 1990 y 2007. En base a dicha investigación, encontraron que la introducción de un robot por cada mil trabajadores reduce la proporción de empleo de la población en 0.18 a 0. 34%, y de los salarios entre 0,25 a 0,5%1.


Asimismo, estos investigadores refieren que esta situación amplió la brecha salarial entre el 1% más rico y el resto de la clase trabajadora. Por consiguiente, ha aumentado de forma sostenida la desigualdad mundial. Ellos no aprecian impactos positivos sobre el empleo en el sector manufacturero. Aseveran que las pérdidas de empleo registradas han sido sustanciales en décadas recientes. Calculan que cuando se utiliza un robot desaparecen 6 puestos de trabajo directos y los salarios caen abruptamente. Se estima entre 360 y 670 mil la pérdida de empleos en el sector automotriz y conexos en Estados Unidos.
En el libro “La Segunda Era de la Máquina” (The Second Machine Age) de Erik Brynolfsson y Andrew McAffe, publicado en 2014, este último desarrollador del archipopular antivirus que lleva su nombre, se sostiene que nunca hubo mejor momento para ser un trabajador con habilidades especiales o tener la educación apropiada, porque esa gente podrá usar la tecnología para crear e introducir valor; pero será el peor momento para ser una trabajador con habilidades ordinarias, porque los robots y programas y otras tecnologías digitales desarrollarán las mismas tareas que estos y superarán sus habilidades. Los robots, entonces, compiten directamente con los seres humanos en la producción y realización de diferentes tareas.


Esta preocupación es compartida por el Banco Mundial (BM), cuyo presidente, Jim Yong Kim, afirma que la tecnología está eliminando empleos y deprimiendo los salarios en las economías más avanzadas. En concreto menciona que incluso las economías emergentes perderán alrededor de dos tercios (2/3) de empleos actuales debido a la automatización de los procesos productivos. Estos empleos no regresarán pese a las promesas populistas de algunos líderes mundiales, como Donald Trump, de reconstituir la base industrial automovilística y siderúrgica de Estados Unidos. El jefe del Banco Mundial señala, en base a cifras de la OMC (Organización Mundial del Comercio), que solo el 20% del trabajo se ha perdido por el libre comercio y el resto por la(6)automatización.

De modo que el enemigo del crecimiento y desarrollo social es interno y no externo como sostienen algunos políticos de derechas e izquierdas.
El caso que más preocupa es el de China, la segunda economía mundial, donde cerca del 77% empleos se verán afectados, según Yong Kim, quien realizó estas declaraciones en el marco de la conferencia de primavera de la asamblea del Fondo Monetario Internacional (FMI). China es en la actualidad el mayor importador de robots industriales, muchos de estos fabricados en Alemania, Japón y Estados Unidos. En la provincia de Guandong, centro de su desarrollo industrial, se estima que para el 2020 el 80% de sus factorías serán automatizadas, sustituyendo con ello a millones de seres humanos. En China una empresa de capital taiwanés dueña de fábricas dedicadas a ensamblar tabletas y teléfonos inteligentes espera eliminar 500 mil empleos en 3 años por medio de la automatización. ¿Podrá el régimen “comunista” sostenerse ante cambios socioeconómicos tan abruptos? ¿No representa esto una amenaza al orden imperante en el gigante asiático?
En el Reino Unido, por ejemplo, el Instituto para la Investigación de Política Pública (IPPR, por sus siglas en inglés) considera que los trabajadores menos habilidosos serán irremediablemente desplazados. En total estima que peligran más de diez millones de empleos. La dificultad de adaptarse al nuevo entorno social, económico y productivo será la tónica en el mundo moderno. Esta transformación del mercado de trabajo implica, tan solo en Londres, que el 39% de trabajos se vean afectados. Este Instituto dice que se requerirán miles de millones de libras para reentrenar a la fuerza laboral. Los sectores más impactados serán el del transporte, manufactura, retail, hospitales, atención al cliente, entre otros. En suma uno de cada tres empleos peligra en Reino Unido en los próximos años.


La Universidad de Oxford, por su parte, estima que un 47% de los empleos serán automatizados en los próximos 20 años y destaca la ausencia de políticas públicas y planes para afrontar este grave problema social. El desafío no tiene parangón y hay mucha incertidumbre sobre lo que ocurrirá realmente. La velocidad del cambio, anticipada por Alvin Toffler, está arrastrando a muchos trabajadores. Las siguientes generaciones podrían ser generaciones pérdidas como la española tras la crisis financiera e inmobiliaria de 2008 si las economías desarrolladas y no desarrolladas no toman en serio la situación.
De la misma opinión es Art Bilger, investigador de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, quien pronostica mayores pérdidas de empleo por la inteligencia artificial, robots y otras tecnologías innovadoras. Él considera que el 47% de la pérdida de empleos se producirá en los próximos 25 años y ningún gobierno está preparado para ello, tal como mencionó a la revista The Economist.
Richard B. Freeman, autor de “Quién sea dueño de los robots gobernará el mundo” (2015) refiere que la robótica, la gran protagonista de la vida del futuro, se divide en dos clases de máquinas o sistemas mecánicos capaces de desarrollar tareas automáticas: los robots industriales empleados en el sector automotriz, químico, plásticos, alimentos,(7) minero, etc.; y los robots de servicio, adaptados para labores logísticas, médicas, agrícolas, limpieza, construcción, uso doméstico, asistencia ejecutiva, etc. Del primer tipo existen cerca de 1,5 millones y del segundo 4,7 millones.
En la actualidad más de 200 mil robots se incorporan anualmente al sector industrial, por lo que la pérdida  rondaría en el millón doscientos mil empleos cada año. Y el número irá creciendo. Pero la automatización no solo alcanza a este sector de la economía, sino también al de servicios como call center, atención al cliente, retail, big data, etc.

El software desarrollado para traducciones deja sin empleo a traductores humanos. Los programas contables sustituyen la labor de profesionales de la contabilidad. Los agentes de viaje, una profesión en vías de extinción, ven como desaparecen sus trabajos ya que tres cuartos (3/4) de viajes se planifican vía on line en Estados Unidos.
Por su parte, Edward Felten, profesor de ciencia de la computación en la Universidad de Princeton, revela dos riesgos económicos por el influjo de la nueva tecnología: el desajuste entre las habilidades que tienen los trabajadores y las habilidades que exigirán los trabajos del futuro. El segundo riesgo se aprecia en que la Inteligencia Artificial (IA) puede aumentar la desigualdad económica al incrementar los retornos del propietario del capital y de algunos trabajadores de mayor habilidad.
En Latinoamérica esta situación podría generar una hecatombe social sin precedentes por la escasez de habilidades de los trabajadores y la falta de una red de seguridad social que proteja a los desplazados por la tecnología. La falta de personal altamente calificado no solo limita el crecimiento latinoamericano, sino que pone en tela de juicio su futuro y viabilidad como región emergente. Muchos empleos corren riesgo de perderse si no se adoptan medidas adecuadas.
Se calcula que la PEA mundial (Población Económicamente Activa) alcanza a los 3.422 millones de personas y cada año ingresan 25 millones a la fuerza laboral, el equivalente a la cantidad de habitantes de la Ciudad de México o Distrito Federal. Esta cantidad representa la mitad de la población mundial. Dentro de la PEA actual destaca la falta de trabajadores suficientemente preparados para ocupar las nuevas plazas que va creando la economía, hecho que se hace notar tanto en economías avanzadas como emergentes.


El Banco Mundial alertó que la pérdida de empleos en Estados Unidos y Europa será del orden del 50 al 60%.

La automatización será rápida, como ningún otro proceso anterior, y problemática, por lo que deberán crearse nuevos empleos.

La capacitación, reconversión laboral o reentrenamiento será difícil, lenta y costosa porque nunca antes tanta gente tendrá actualizar sus conocimientos y desarrollar nuevas habilidades. La posibilidad de adaptación de la mayoría de la población es muy baja debido a las diferencias formativas y educativas existentes. Esto incrementa una brecha mayor entre las clases sociales en las naciones desarrolladas y no desarrolladas.
El desplazamiento laboral asociado a la irrupción de la tecnología por automatización generará indudables ahorros a las empresas, sobre todo laborales; pero perderán mercado al reducirse el tamaño de este, es decir, al contraerse notablemente la demanda interna por empobrecimiento y caída de ingresos de los trabajadores.(8)


El sector del retail o comercio minorista en centros comerciales, por ejemplo, viene siendo arrasado por el crecimiento incesante de Amazon, portal de compras y entrega de productos a domicilio.

El catálogo de Amazon es tan amplio que compite directamente con supermercados, tiendas por departamento, boutiques, tiendas de electrodomésticos, bazares, librerías, equipamiento deportivo, etc. Su auge obligó al cierre de centenares de centros comerciales en Estados Unidos, Reino Unido y España. Con el cierre de cada mall o establecimiento comercial crece el desempleo y las quiebras empresariales y personales.
El desplazamiento laboral implica que los trabajadores reemplazados por máquinas y programas inteligentes ocupen puestos menos calificados, y por consiguiente reciban salarios inferiores a los que venían percibiendo. Esto se aprecia en muchos sectores en el presente, pues hay gente sobrecalificada realizando labores mecánicas o repetitivas, sobre todo en el caso de estudiantes universitarios o egresados británicos, franceses, norteamericanos y españoles que no encuentran trabajo adecuado para el que se prepararon en un primer momento.


En el caso de la pérdida de empleos directos nos referimos a aquellas labores que serán realizadas exclusiva o mayoritariamente por máquinas por ser más eficientes, rápidas, precisas y baratas que un trabajador común. Las máquinas se actualizarán de manera continua para desempeñar nuevas funciones o labores, o mejorar su rendimiento en las tareas actuales por medio de la actualización de su software. Con ello la máquina podrá perfeccionarse en cuestión de segundos, lo que en que el caso humano demoraría semanas, meses o años de entrenamiento y capacitación.


No podemos olvidar o dejar de lado la pérdida de empleos indirectos por desplazamiento laboral o pérdida de empleos directos, ya que los menores salarios percibidos por los primeros y la falta de ingresos de los segundos también reducirán la demanda por otros bienes y servicios. Pensemos por un instante que los analistas financieros de Wall Street pierden de golpe sus empleos y para sobrevivir deben realizar tareas menos complejas para las que estudiaron. Si ello ocurriese, alterarán ineludiblemente su patrón de consumo de bienes y servicios porque no tendrán el nivel ingreso anterior, cuando se encontraban adecuadamente empleados. Esto generaría un efecto negativo sobre otros sectores de la economía, dejando a mucho más gente sin empleo. La reducción de la demanda interna, por los factores antes señalados, producirá una posible una contracción del comercio mundial o internacional, y también una disminución de los estándares de calidad de vida en muchos países desarrollados y no desarrollados.


En ese orden de ideas, los sectores tecnológicos no podrán absorber a los desocupados porque exigen altas habilidades y calificaciones en sus trabajadores. Los conglomerados o holdings digitales no se caracterizan por ser grandes empleadores, ya que en promedio una compañía de alta tecnología de alcance global emplea a un promedio de 600 a 700 trabajadores. Por ejemplo Instagram, vendida en 2012 por más de mil millones dólares tenía 30 empleados cuando fue adquirida. YouTube tenía poco más de 700 trabajadores cuando fue comprada por 1650 millones de dólares. El gigante Google, ahora(9)reorganizado como Alphabet para agrupar a una serie de empresas del grupo (en total 79) emplea a un total de 65 mil personas; pero si dividimos dicha cantidad entre el número de empresas que la integran, cada una con productos diferenciados y especializados, resulta que el promedio por empresa ronda los 770. Siendo las empresas tecnológicas las que ocupan los primeros lugares dentro del índice Dow Jones de cotización bursátil, encontramos que las firmas más capitalizadas del planeta emplean a mucho menos gente que las empresas del sector industrial o de servicios como las petroleras, automotrices, bancos y seguros.


De otro lado, recientemente New York Times difundió una noticia relacionada con la utilización de inteligencia artificial en una corte de Wisconsin en la que un programa informático –basado en algoritmos- ayudó a condenar a un procesado. El asistente digital procesó información, analizó datos y patrones de conducta del acusado, arribando a la conclusión que debía ser condenado. La IA en cuestión lo identificó como un sujeto peligroso para la sociedad. En este caso se confió en la IA para tomar decisiones relevantes dentro del sistema judicial estadounidense, lo que pone en entredicho la relevancia de la evaluación humana en la apreciación de conductas criminales o potencialmente criminales. ¿Serán necesarios más adelante jueces, fiscales, peritos y jurados para llegar a la verdad, impartir justicia y proteger a la sociedad?
Otro caso donde la tecnología promete saltos cualitativos es en la práctica de la medicina, pues investigadores en robótica de la Universidad de Utah desarrollaron un robot capaz de realizar una cirugía al cerebro 50 veces más rápido que el cirujano más experimentado. En concreto el robot puede terminar una operación al cerebro en 2.5 minutos, lo que no solo reduce costos y el error humano, sino que logra una precisión imposible de alcanzar por los cirujanos. El robot tiene un costo de 100 mil dólares en la actualidad, pero a medida que se produzca en serie su precio bajará ostensiblemente. Su costo desde ya es mucho menor a lo que invierte una persona en educarse en las facultades de medicina. El robot ha sido diseñado para realizar cirugías en la espina dorsal y reemplazos de cadera.
Un ejemplo adicional es la utilización de un robot policía denominado MARCbot (Robot Multifunción Ágil por Control Remoto), que en julio de 2016 abatió a un sujeto que mató a cinco policías en la ciudad de Dallas, Texas. MARCbot fue empleado para eliminar a Micah Johnson, que se había atrincherado para disparar contra la policía mientras se realizaba una marcha de protesta por la muerte de dos afroamericanos a manos de agentes policiales. Inicialmente MARCbot fue diseñado para ejecutar operaciones militares en Iraq y Afganistán. El Ejército de EE.UU. llevaba una década utilizándolo.
MARCbot, según la BBC2, “tiene el tamaño de un cortacésped, consta de cuatro ruedas u orugas unidas por un chasis que soporta una batería de seis horas de duración, una cámara giroscópica, un altavoz, un micrófono y un brazo mecánico. Los operadores lo manejan vía remota con un mando y una pantalla”. En Dallas, MARCbot eliminó a(10)Johnson mediante un explosivo mientras abría fuego con un rifle de asalto cerca de un estacionamiento junto a las oficias de la sede policiaca. “Pueden llevarlo hasta donde el terreno lo permita y mirar a través de la cámara, usar su brazo para mover objetos sospechosos, activar cargas explosivas o interactuar con alguien a través del parlante y el micrófono”, de acuerdo a la BBC.



Posibles alternativas o soluciones


Desde el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apuestan por la preparación para los trabajos del futuro. Sin duda habrá nuevos empleos, de los que seguramente todavía no alcanzamos a escuchar o imaginar, pero serán altamente especializados, acorde con el mundo que se avecina. Ambas instituciones multilaterales creen que será necesario implementar programas de reentrenamiento, reeducación o reconversión laboral. A la par deberán fomentarse programas para emprendedores que aprovechen algunas ventajas u oportunidades que ofrezca la economía moderna. Estos programas están pensados para el grueso de individuos y familias que compone la clase media, la que de momento tiene más que perder.
Multimillonarios como Carlos Slim y Elon Musk consideran, por su parte, el establecimiento de un salario básico universal sin condicionamiento, a diferencia de los subsidios directos que se reciben en Perú, Ecuador,Uruguay, Colombia y Brasil, por citar algunos ejemplos, donde se entrega dinero a los más pobres a cambio de registrar asistencia escolar y en centros de salud.

En estos países se vincula el subsidio con el desarrollo humano para ayudar a sobrevivir a millones de personas bajo la línea de pobreza y pobreza extrema. Sin embargo, la creación de un salario básico universal se daría para paliar una situación futura o no totalmente manifiesta en la población, porque se otorgaría a todos los ciudadanos independientemente de su ingreso individual.
Este ingreso se recibiría de manera periódica para cubrir necesidades elementales. La intención detrás de la medida es eliminar programas sociales ineficientes y alentar el emprendimiento individual, asumir riesgos, apostar por el reentrenamiento laboral, etc. Países avanzados como Canadá, Finlandia y Suiza otorgan este beneficio. La población, en estos casos, dependerá directamente de los gobiernos para subsistir. La idea no es nueva ya que un economista conservador como Milton Friedman consideró en 1968 darles dinero a los pobres incapaces de conseguir empleo e ingresos suficientes.
Bill Gates, cofundador de Microsoft, considera necesario que los robots paguen impuestos si van a tomar empleos humanos. Sostiene que los robots tributen por los trabajos que quitarán para financiar los subsidios que debe recibir la población desempleada. En todo caso esta sería una solución temporal mientras las personas se van ajustando a cambios tan radicales.
Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos y ex rector de Harvard, se opone al impuesto a la utilización de robots porque afectaría la rentabilidad de las empresas y desincentivaría el progreso. Para él poner un impuesto a la productividad no(11)tiene sentido. Summers, cuyo rechazo es tajante, no ofrece soluciones o posibles alternativas al problema.


Actualmente extrabajadores de las líneas de producción de Boeing, compañía aeroespacial, se preparan en centros académicos para el futuro en el que no serán necesarios o tenidos en cuenta. Se entrenan en robótica ya que sus trabajos serán totalmente automatizados en el corto o mediano plazo. Las habilidades que tenían o desarrollaron durante años son prácticamente obsoletas para el sector aeroespacial. Posiblemente algunos se recoloquen como trabajadores en otros campos que involucre mayor contacto humano como la educación infantil, cuidado de ancianos, las artes, la salud, etc. La robotización plantea escenarios de cambios dramáticos y desempleo persistente.


La revolución en ciernes y la sociedad del futuro


Dado que el factor trabajo dejará de ser importante en la producción debido al auge de las máquinas, este factor saldrá de la ecuación tradicional en la medición de crecimiento o riqueza de un país. Así, cualquier aumento futuro en la productividad se reducirá a la innovación producida en la automatización de la economía, y no a partir de la calificación de la mano de obra asalariada. Esto torna en irrelevante el sistema educativo actual, por lo que deberíamos preguntarnos por el devenir de las universidades. Si los seres humanos no podremos competir con las máquinas, ¿qué sentido tiene entonces invertir en la educación de las siguientes generaciones si no encontrarán trabajo? Todo, desde ya, apunta a un mundo mucho más desigual y caótico que el presente. Entonces las universidades deberán replantear seriamente el tipo de formación académica y técnica que ofrecen, o desaparecerán como los empleos que ahora se ven amenazados. Es probable que la educación sea mucho más especializada en el futuro y dedicada principalmente a la alta tecnología para formar desarrolladores de software, ingenieros de robots, investigadores biológicos, neurocientíficos, etc. Estas son labores mucho más concretas y altamente calificadas a las que la mayoría no podrá acceder por falta de recursos o capacidades personales.
Los trabajadores despedidos o desplazados no migrarán hacia otras labores calificadas, por lo que no hay efectos positivos por parte de la automatización. No solo serán afectados, como sostenemos, trabajadores manuales con estudios inconclusos o secundarios, sino también aquellos con grado universitario o superiores. Los gerentes o managers también sentirán el impacto, tal como lo advirtió Jack Ma, dueño de compañías tecnológicas como Alibabá, quien dijo temer que su puesto no esté asegurado en el futuro.
En el futuro habrá mayor competencia entre las economías nacionales y las empresas por ser más automatizadas, lo que implica menor participación del factor humano en la producción y la economía. Esta presión es inigualable y creciente. Si un país ralentiza o detiene el proceso de automatización, como recomienda el astrofísico Stephen Hawking, una de las mentes más brillantes del planeta, por temor a que las máquinas(12) sobrepasen las capacidades cognitivas del ser humano, el país perderá a escala global en el comercio y será mucho menos competitivo.


Si bien la introducción de robots reduce los costos de los productos en general, y beneficia al consumidor al hacer más accesible un buen número de bienes y servicios, genera un costo mayor social por la pérdida acelerada de empleos. Los trabajadores desplazados no ayudan a aumentar la productividad de un país y limitan o restringen su consumo de bienes y servicios. Si bien las empresas que emplean robots ven crecer su productividad, el efecto social y general sobre la economía se diluye o neutraliza por este factor. El desplazamiento hacia debajo de la mayoría de trabajadores generará mayor presión social sobre los gobiernos que deberán implementar programas de ayuda permanente para evitar el desamparo de millones de personas. ¿Quiénes, en dicho escenario, podrán comprar los productos si los trabajadores son desplazados y no tienen ingresos propios ni estables?


Lo que está en juego es el destino de la humanidad.

El futuro ya no se vislumbra utópico porque está aquí y es nuestra realidad cotidiana. Y esta nos dice que los robots son más rápidos y precisos que nosotros, aunque no baratos, de momento.

El sector de servicios, que en algunas economías alcanza al 70% de la población económicamente activa (PEA), puede ser eliminado, y con ello la clase media mundial. Un futuro sin clase media implica una clara división entre ricos y pobres. Entre el 1% más pudiente y el 99% sobreviviente y poco adaptable a los cambios y retos que representan las máquinas. Esto supone un claro desafío a la viabilidad de los Estados, y una amenaza mayor a la encarnada por el cambio climático y la carrera armamentista desatada entre las grandes potencias. Lo que se aprecia es un recrudecimiento de la desigualdad y un aumento de la pobreza. La meta de Naciones Unidas de acabar con este mal para 2030 quedará hecha añicos por la dura realidad.


Si la clase media desaparece del panorama se habrá acabado la promesa de la movilidad social para las clases inferiores o más pobres. Esto traería abajo cualquier sueño, ideología, expectativa o paradigma sobre el progreso, especialmente de la propaganda ampliamente difundida por think thanks occidentales y el Banco Mundial y el FMI de que nos encontramos, hasta hace poco, en el mejor momento de la historia al haber reducido los niveles de violencia, miseria económica y aumentado el promedio de vida. No es sostenible un mundo donde la gente no pueda adaptarse con la velocidad que se requiere para sobrevivir en él. Los cambios que introduce la inteligencia artificial solo prometen mayor inestabilidad política, económica y social. Este fenómeno puede desencadenar estallidos o convulsiones sociales en todas partes.

Tal vez los Estados se vuelvan más represivos para contener las protestas y todo foco de posible disidencia. Es decir, un retorno a las autocracias del pasado o al ‘Big Brother’ que todo lo ve, anticipado brillantemente por Orwell en 1984.
¿Qué podrían hacer las personas en un entorno tan hostil y desesperanzador? ¿Tendrán incentivos emocionales para seguir educándose? ¿No deberían ahorrar lo suficiente para un futuro tan desolador? Para el 2030 se cree que la automatización estará(13)asentada en la economía como fuerza o factor dominante. Esto se producirá dentro de 13 escasos años, impactando en todas las actividades productivas.


¿Qué sucedería si la inteligencia artificial se sale de control y vuelve tan autosuficiente y poderosa que decida prescindir de nosotros como raza? ¿Qué pasaría si no podemos controlar su crecimiento y verificar sus procesos y decisiones? Hay que tener en consideración que la IA está diseñada para aprender de manera autónoma y ser capaz de enseñar a seres humanos y a otras máquinas. La IA tomará decisiones sobre la identificación de personas, evaluación crediticia, seguridad en terminales y aeropuertos, control de sistemas de armas sofisticadas, realización de intervenciones quirúrgicas complejas, suministro de dosis de medicinas a pacientes, etc.
Los países que cuentan una red de seguridad social se encuentran mejor preparados para asistir a la población desempleada. Este es el caso de Europa, siempre que no se desmantele el oneroso estado de bienestar, consistente en salud universal, seguridad social, educación gratuita y programas para niños. Ante el inminente desempleo estructural por la transformación del aparato productivo, y la irreversibilidad del fenómeno estudiado, se pronostican cambios radicales y acelerados. En el pasado la mecanización costó empleos, siempre, pero creó otros. Pero esto ya no será así pues las máquinas no serán complementarias a las labores humanas.


La llegada de la modernidad implica desempleo masivo, caída del ratio de seguridad social, quiebra del sistema de pensiones, pérdida de ahorro, contracción de la demanda interna y aumentos sostenidos de deuda pública. Los mayores beneficiados serán los que actualmente se posicionan en el 1% más rico de la población mundial. Para 2035 la mayoría de empleos que conocemos serán obsoletos. Lo que nos espera es mayor militarización en las calles y estados de emergencia permanentes o continuos para mantener el orden, con la consiguiente pérdida de derechos y libertades fundamentales. Será el fin de la democracia occidental tal como la conocemos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no se cumplirán en este escenario. Desde ya apreciamos a un Estado policía, en lugar de uno benefactor y garante de derechos, toda vez que un londinense en promedio es monitoreado o seguido por unas 180 cámaras al día; y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA de Estados Unidos) revisa correos, registros de llamadas, movimientos bancarios y actividad en redes sociales de la población mundial a su antojo, con la venia del Congreso norteamericano.


Recientemente Stephen Hawking hizo un llamado a los gobiernos para detener la marcha de la automatización o robotización de la economía. Sostiene que la inteligencia artificial no guarda relación con la que interactuamos diariamente a través de vehículos automatizados, procesos de selección de publicidad en Facebook (ad sense) o el asistente Siri, de Apple. Hawking, sin embargo, ve efectos positivos en que la IA puede ayudar a erradicar enfermedades, prolongar la vida, mejorar la atención de pacientes, etc., pero crea a la vez un número de pobres sin precedentes. La IA crea oportunidades únicas y problemas únicos bajo su punto de vista.

Pero ve con preocupación la transición hacia una economía dominada por las máquinas, en la que tengan control sobre muchas decisiones importantes.(14)

 

 1 Daron Acemoglu y Pascual Restrepo. Robots and Jobs: Evidence from american labor market, march 2017.

2-http://www.bbc.com/mundo/noticias-36751451?ocid=socialflow_facebook

6 http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/informe-anual-de-la-omc-2016-perspectivas-2017-2018.html

7 https://www.google.de/search?q=robots+industriales&client=firefox-b&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwi-z_zHiYnVAhUI6RQKHax9CQsQ_AUICigB&biw=2556&bih=1338

8 http://eleconomista.com.mx/industrias/2014/10/28/las-dos-caras-automatizacion-industrial

9 https://de.wikipedia.org/wiki/Alphabet_Inc.

10 http://heavy.com/news/2016/07/dallas-swat-robot-bomb-kill-micah-x-johnson-first-lethal-use-explosive/

11http://larrysummers.com/2017/03/07/robots-are-wealth-creators-and-taxing-them-is-illogical/

14 http://www.abc.es/tecnologia/informatica-software/20141202/abci-stephen-hawking-peligros-inteligencia-201412021837.html