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No Hay Guerra Frías

 

 

Parece que el nuevo mantra de la prensa  oficialistas tras el inesperado ataque a Siria es que vamos encaminados a una “guerra mundial”.

Obviamente el amarillismo vende y el pánico es un gran instrumento para el pastoreo de las masas, sin embargo lamento tener que decíroslo, no va a haber guerra mundial, o mejor dicho, la va a haber pero en una forma muy diferente a como nos la imaginamos.

Para entenderse esta última afirmación debemos hacer un cierto proceso de análisis e incluso de revisionismo histórico, en especial en torno a lo que la historiografía ha llamado de forma incorrecta Guerra Fría.

 

¿Realmente fue “fría”? Tal vez no asistimos a un intercambio de cabezas nucleares entre EEUU y la URSS, lo cual habría sido desde el punto de vista estratégico una absoluta idiotez, pero debemos de tener en cuenta que frentes militares “calientes” hubo muchos los más conocidos son Vietnam, Corea, Afganistán.

Pero no los únicos porque también América Latina se vio sacudida por toda una serie de insurrecciones, guerrillas y golpes de estado detrás de los que se percibía claramente la garra retorcida de los totalitarismo comunista y capitalista; mientras en Europa campaban a sus anchas grupos terroristas tan explícitos ideológicamente en ocasiones como Gladio, Brigadas Rojas o Baader-Meinhoff y África se precipitaba hacia su propio desastre sumida en una serie de sangrientas luchas anti colonialistas convenientemente dirigidas por los ingenieros políticos, que en vez de dar como fruto la ansiada independencia, lo que dejó como legado fue un continente rico en exceso pero inestable y balcanizado, un menú perfecto para la rapiña de los carroñeros del Este y del Oeste.

 

En resumen, durante la segunda mitad del siglo XX no existe una guerra fría.

Existe una guerra, solo que ésta patenta una nueva forma de lucha entre potencias hasta ese momento más o menos inédita; esto es, conscientes USA y URSS de que una lucha directa entre ambos es suicida a causa del armamento nuclear, optan por utilizar como campo de batalla países más pobres y sobre todo no desarrollados nuclearmente.

En los cuales se aprovechan de las luchas políticas existentes (sino las generan directamente), para que las diferentes facciones a las cuales arman y manipulan convenientemente, actúen como sus campeones, de esa manera pueden medir sus fuerzas constantemente sin el riesgo de que alguien en un momento de excesivo apasionamiento marcial  apriete el botón rojo y ambos contendientes queden inmediatamente neutralizados.

 

Trasladémonos ahora a los tiempos presentes y veamos que poco han cambiado las cosas.

Se pueda señalar que las diferencias ideológicas entre el bloque ruso y el bloque estadounidense son bastante insignificantes al ser ambos capitalistas que no luchan por la supremacía de una idea sino por el control de los diferentes mercados mundiales, incluso lo mismo se puede afirmar de la China post maoísta y su célebre “socialismo de mercado” (un capitalismo a todos los efectos), siendo quizás la excepción que confirma la regla Corea del Norte, el perro de presa del Bloque Este, aunque su papel e interés en la contienda sea más folclórico que real.


Pero si salvamos este detalle, la situación es exactamente la mismas, dos imperios sobredimensionados con aliados respectivamente en Europa y Asia que se disputan la hegemonía mundial mientras se apuntan mutuamente con un desmedido arsenal atómico.

¿Creen que los dirigentes de los imperios y sus siniestras cortes burocráticas van a correr el riesgo de que alguien se emocione más de la cuenta y pulse el botón rojo?

Por supuesto que no, y más cuando ya hace décadas se estableció la estrategia perfecta para medirse sin arriesgarse en exceso.


La gente pregunta si va a haber guerra mundial, mi respuesta es simple, la guerra mundial hace ya tiempo que empezó, sus foco principal está ahora mismo en Siria, dónde las facciones gubernamentales e insurrectas se baten entre sí bajo el interesado auspicio de las grandes potencias mundiales, y pronto habrá más frentes.

Pero no se preocupen, si usted vive en el Primer Mundo no va a oír las bombas silbar cerca de su casa, como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia de la humanidad, son los pobres los que se llevan la peor parte del ardor guerrero que los ricos inflaman para su propio interés.


 

Es innegable que el populismo latinoamericano del siglo XXI en su inicio tuvo una hostilidad manifiesta hacia todo lo que encarnaba el sionismo, mientras que la izquierda Europea ya se encontraba en el cenit de su idilio amoroso con Israel.

Existen cuatro razones que pueden explicar este fenómeno:


1) Pensamiento izquierdista pre progresista, pues es innegable que previo al proceso de domesticación que la izquierda sufrió de mano de los pensadores de la Escuela de Frankfurt el izquierdismo siempre tuvo una clara orientación en contra de los lobbies judíos en quienes veía (no sin razón del todo) la más cruel encarnación del capitalismo.


2) Posicionamiento radical contra el imperialismo estadounidense, lo cual unido al descarado apoyo del gobierno norteamericano al Estado de Israel hace que exista una obvia identificación con los resistentes palestinos en quienes ven un perfecto símil de su propia lucha contra la voraz águila calva del norte.


3) Fuerte influencia del catolicismo en el socialismo populista (lo cual no deja de ser paradójico si tenemos en cuenta el explícito componente indigenista de éstos, pero eso es otra cuestión) y es que pese a los barnices de modernidad de la Teología de la Liberación, el resquemor tradicional de los católicos hacia “el pueblo deicida” es inevitable que aflore de algún modo.


4) Lasa presencia de lobbies pro sionistas y políticamente correctos en Latinoamérica, lo cual  permite un grado de libertad de expresión impensable hoy día en Europa.

En el caso de mi país de acogida (Ecuador) existe una fuerte militancia pro Palestina que cubre todo el espectro ideológico, desde la izquierda marxista al islam pasando por el neo fascismo, la cual opera además sin trabas legales algunas, pese a la existencia de conglomerados industriales e instituciones hebreas y abiertamente pro sionistas.

 



Todas estas premisas encontraron su perfecta encarnación en la controvertida figura, del Comandante Hugo Chavez Frías, cuyo estilo populista, explícito y pendenciero gano tantos detractores como entusiastas tanto en el escenario internacional como en su Venezuela natal.

Concretamente si hablamos del caso del sionismo, existieron múltiples discursos en los cuales éste atacaba abiertamente al sionismo genocída así como al silencio cómplice internacional ante los crímenes de guerra perpetuados por éstos, compárando la situación sin rubor alguno con el Holocausto nazi.

La repentina muerte por cáncer de Chavez y su sustitución en el gobierno por Nicolás Maduro, mediocre sucedáneo del innegable carisma del Comandante, ligado a eliminación de Youtube y otros medios virtuales de sus discursos más polémicos (incluido los tocantes al sionismo por supuesto) ha abierto una vía de debate entre los expertos en conspiraciones que nos hablan de la posibilidad de asesinato de éste mediante alguna forma de enfermedad inducida.

Verosímil o no estas afirmaciones,  aparquemos el tema por un momento y desplacemos nuestra atención más al sur, hacia la República de Ecuador.

 

 Aunque más comedido y con unas formas algo más académicas el gobierno del presidente ecuatoriano Rafael Correa era reconocido por la influencia de Hugo Chavez y la simpatía existente entre ambos mandatarios, coincidentes por supuesto en las principales orientaciones de su política internacional, incluido el tema Israel-Palestina.

Del mismo modo que el fortísimo trasfondo católico de Correa, le llevaba a combinar su socialismo estatísta y su anti imperialismo militante con aspectos claramente conservadores como la defensa de los valores de la familia tradicional o la condena de las teorías de género y el aborto.


Sin embargo en los últimos dos años de mandato hemos asistido a un progresivo aunque imparable viraje en los lineamientos políticos de Correa, siendo uno de los más llamativos el cambio de su actitud respecto al sionismo, llegando a declarar en varias ocasiones que “Ecuador es amigo de Israel”, al mismo tiempo que eliminaba de su agenda sus elementos más controversiales (solo ha mantenido hasta el momento su posicionamiento respecto al tema del aborto).


¿Qué es lo que ha podido motivar cambio tan drástico en el antaño popular presidente del Ecuador? ¿Tal vez la muerte de su viejo amigo Hugo Chávez? No vamos a entrar en la veracidad o no de las teorías conspiranoides sobre el presunto asesinato de Chavez, pero si contemplemos la posibilidad de que Correa percibiera esta amenaza como real, lo que también puede explicar el por qué desistió a medio camino en su proyecto de ley para permitir su tercera reelección como presidente (aun teniendo como tenía todas las de ganar de su lado) así como su expresa voluntad de pasar el resto de días de su vida retirado de cualquier actividad política en Bélgica, en una forma de exilio auto impuesto (o no tanto).

Retomemos finalmente el punto cuatro de mi exposición, la lasa presencia de los lobbies sionistas, ¿Por cuánto tiempo? ¿No cabe la posibilidad de que estemos asistiendo al progresivo triunfo en las sombras de estos, y que la citada libertad de expresión de la que aún disfrutamos sea pronto sacrificada en nombre de la tiranía de la corrección política y el silencio cobarde ante los crímenes del imperialismo y sus asociados? ¿No es un mundo globalizado y posthumano hacia dónde vamos dirigidos?

 

 

 


 

MENAGE ATROZ: DONALD TRUMP, LOS LATINOS Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

 

 

Detesto dar explicaciones, pero en este caso me veo en la obligación moral de hacerlo, las líneas que siguen a este sugerente título no es un artículo sobre las políticas del presidente Donald Trump, pues hasta la fecha estas no existen más allá del plano teórico, y a cualquier observador y crítico político sagaz la situación nos exige cuanto menos precaución, principalmente porque ya sabemos de sobra quien ejerce verdaderamente el poder en Estados Unidos y más aún con el recuerdo cercano de la experiencia de “Mr Change” Obama, que pese al estilo joven, dinámico y hasta “funky” de su campaña, pasará a la historia por el dudoso mérito de ser el presidente que más promesas electorales ha incumplido, empezando por el cierre de Guantánamo y la retirada de efectivos militares de Afganistán.

El tema que se va a tratar es la percepción por parte de los latinoamericanos del fenómeno Tump, y el papel que en su distorsión intencionada han jugado los medios de comunicación, siendo en última instancia una llamada a la reflexión y a la necesidad de profundizar e ir más allá cuando uno decide adquirir una posición política.

                                                                    Latinos for Trump
Cuando analizo la opinión pública de Ecuador, mi país de acogida, siempre recuerdo las tesis de Gustave Le Bon sobre la psicología de masas, especialmente lo tocante al carácter sentimental e irracional de éstas, y como precisamente este aspecto las convierte en algo perfectamente manipulable, y eso que cuando el autor francés desarrolló sus teorías los medios de comunicación aún se hallaban en fase embrionaria, por lo cual no tuvo en cuenta el potencial que estos tienen (y que sobradamente han demostrado), para encauzar los sentimientos de las masas hacía intereses concretos.


Sumemos a esta ecuación la anatemización de ciertas palabras, como es el caso del término “racismo”, suficiente para lograr el rechazo irracional de cualquier argumentación desde el simple momento en que se termina de pronunciar, uso en el cual, los profesionales de la (des)información son perfectamente diestros.


¿Por qué planteo estas premisas? Simplemente por el hecho de que toda la campaña política de Trump respecto a los países latinos, ha sido condenada de manera unánime por la opinión pública de éstos precisamente por eso, porque es “racista” ¿Sin embargo hasta qué punto podemos hablar de racismo en la campaña del nuevo presidente?


Simplemente el discurso de Trump ha hecho una crítica (poco sutil pero respetable) a la llegada masiva de inmigrantes procedentes de dos orígenes: los países musulmanes y México.

El  rechazo a esto no se ha basado en ningún caso en base a presunciones de carácter supremacista, si no en dos aspectos; en el caso de los musulmanes a la amenaza del terrorismo yihadista y en el caso de los mexicanos a su vinculación con el tráfico de drogas y con la devaluación de las condiciones laborales que la llegada de mano de obra barata y desesperada puede generar para los países receptores.

                                                                     marcha antitrump

Tampoco se ha hablado de deportaciones, ni de un cierre radical de las fronteras, pese a la hipérbole de “el muro”, simplemente un mayor control fronterizo y una erradicación de la inmigración ilegal.


No voy a entrar a debate sobre si son correctas o incorrectas esas medidas, y mucho menos si van a tener un efecto real, lo que si me gustaría es señalar las consecuencias hipotéticas que estas pudieran generar en Centro y Sur América, y es que no es bueno ignorar el hecho de que un muro funciona de manera bidireccional.


Me explico, comprendo una oposición a Trump por parte de la derecha liberal y otros apóstoles del libre comercio que pueden encontrar en las propuestas políticas del nuevo presidente una traba para sus negocios de carácter transnacional, enmarcados en la idea de las deslocalización de capitales y el abaratamiento de costos productivos mediante el empleo de mano de obra en ínfimas condiciones laborales. Ahí es perfectamente coherente el resentimiento ¿Pero qué ocurre con la izquierda?


Y más si tenemos en cuenta que la izquierda tradicional latinoamericana, a diferencia de la europea, siempre fue ardientemente nacionalista, llegando a popularizar a lo ancho del globo lemas tan sonoros como el célebre “gringo go home”, ¿Por qué entonces se oponen a lo que dice  Trump? ¿No es tal vez el primer presidente en décadas que ha renunciado a ese afán intervencionista y totalitario democrático que tan molesto ha resultado al militante de izquierdas latino? ¿No es tal vez una oportunidad de que por fin el “gringo” se marche a su casa y allí se quede, albergado tras su muro, cuidando de sus propios asuntos sin interferir en los de los demás? Sé que se trata de algo  de más que escasa probabilidad por lo planteado en mi primer párrafo, ¿Pero acaso no es un aspecto digno de contemplar?
Sin embargo, la inmensa mayoría de ciudadanos ecuatorianos de izquierdas no ha reparado en este aspecto, pues el uso mal intencionado de la palabra maldita “racismo” y la carga sentimental que arrastra, se ha impuesto a cualquier análisis geopolítico y estratégico, logrando, de este modo los medios, como si del Flautista de Hamelin se tratara, que izquierda y derecha bailen de manera antinatural al mismo son y que expresen juntos y a voz unánime su rechazo a Trump “el racista”, grito de guerra que por cierto coincide plenamente con los intereses de los globalistas,

¡Que coincidencia! ¿No?

David Landot

Magister en historia y profesional de la educación. Productor de música electrónica underground. Anarquista y libre pensador, enemigo de cualquier forma de dogmatismo