Manosphere, utopía sexual y poder

 

“La diferencia entre los sexos es un obstáculo para el sueño de la izquierda de una sociedad completamente homogénea, de lo que mi amigo Kójeve llamaría el “estado homogéneo universal”. Una sociedad no puede ser completamente homogénea, no puede consistir de seres completamente iguales en tanto existan hombres y mujeres. Así que grandes esfuerzos han sido llevados a cabo durante el s. XX para negar, para restarle importancia o para ocultar las diferencias entre los sexos, en particular para socavar la familia tradicional con el hombre como jefe de familia y para reemplazarla con la visión del sexo que parece estar modelada en una casa de baños homosexual.
El ideal de “liberación sexual” está basado en la idea de seres humanos como objetos intercambiables en busca de placer donde todos son iguales al resto. Por eso en lugar de una moral sexual basada en la institución del matrimonio, ha habido un intento de re conceptualizarla en la idea de “consentimiento”, como se dice: con el consentimiento entre adultos todo está permitido. Y esto choca con las diferencia entre hombre y mujer.
El simple hecho es que ambos, hombre y mujer, terminan siendo no más felices sino menos felices, menos satisfechos en un mundo donde el sexo está regulado sobre las bases del “consentimiento” en lugar del matrimonio.
El patrón que emerge cuando a la gente se le dice que haga lo que quiera, es que las mujeres todas tienen sexo con hombres de estatus alto, un gran número de hombres no son capaces de tener esposas y las mujeres son capaces de tener sexo pero no de conseguir esposos. Como dicen, no son capaces de lograr que este pequeño número de hombres de estatus alto se comprometa. La razón que ellas piensan por la cual estos hombres no se comprometen es porque son “malvados”. La verdadera razón es que hay muy pocos hombres con estatus alto y obviamente no pueden casarse y ser monógamos con todas las mujeres que quieren tener sexo con ellos. Entonces el resultado es que hombres y mujeres terminan extremadamente frustrados y tienden a tener una visión pobre de cada uno a diferencia de lo que sucede en una sociedad tradicional.”
Dr. F. Roger Devlin.
En estos párrafos se tocan varios temas recurrentes en la llamada “Manosphere”, comunidad de blogs y sitios web que comenzó como una forma de intercambiar “piques” para levantar minas y que con el tiempo se ha convertido en fuente y refugio para ideas contestatarias y críticas de la sociedad actual. 
La profundidad de las diferencias entre los sexos, el ataque a las instituciones tradicionales de la sociedad como la familia, los efectos contraproducentes o incluso nefastos de la llamada liberación sexual, son planteados y analizados por la mencionada comunidad la cual, por su naturaleza, se ve libre de la censura generada por la corrección política.
En primera instancia estar manejando esta temática puede parecer como proveniente de un grupo de conservadores, pero hay que tener presente que estamos hablando de hombres cuyas edades en general rondan entre los 20 y los 35 años con el objetivo de encamarse con la mayor cantidad de mujeres posible. Obviamente no estamos hablando de gente que se caracterice por su puritanismo ya que la vida nocturna es fundamental a la hora de lograr su meta principal. El porqué de esta situación por lo menos irónica es lo que vuelve más interesante a esta comunidad.
Lo que en un principio comenzó como un análisis sistemático de diferentes estrategias para ser exitosos con las féminas empezó a dar cabida para el análisis de aspectos más amplios de la interacción entre los sexos y de la sociedad en su conjunto.
La prédica de la corrección política nos dice que no hay diferencias sustanciales entre los sexos, que somos todos básicamente piezas intercambiables dentro de la maquinaria social.
Lamentablemente este discurso, que choca con el sentido común, es impuesto de manera fanática desde el sistema educativo y los medios masivos de comunicación, con resultados nefastos a nivel social que han sido identificados con precisión por este grupo de hedonistas lanzados a la búsqueda de mujeres y diversión.
En primer lugar, algo tan evidente como la diferencias entre los sexos, luego de años de prédica igualitaria, debe ser re aprendido, re incorporado a la hora de ir a un boliche y salir con una mina. Estos tipos, que en la mayor parte de los casos provienen de estratos socio-económicos medios y altos, se dieron cuenta que fracasaban miserablemente con las mujeres a pesar de hacer todo bien, o mejor dicho, de hacer todo lo que les habían enseñado que era lo correcto. Se dieron cuenta que las mujeres no se ven atraídas por los mismos parámetros que hacen atractiva a una mujer para los hombres. Se dieron cuenta que “ser bien” los ponía en la posición de amigo en lugar de hacerlos sexualmente deseables. Llegaron a la conclusión de que todo lo que les habían dicho era falso.
Una de las primeras observaciones tuvo que ver con la atracción que las mujeres sienten por el “estatus”. 
Lo que atrae a un hombre de una mujer es principalmente la belleza física, quedando todo lo demás a un lado. Con esto en mente, iban a los clubes nocturnos con sus mejores galas y esperaban que con esto sería suficiente para atraer nenas. Error. Inmediatamente, observaron que muchos hombres que no podían ser definidos como hermosos, sí tenían o conseguían pareja mientras que tipos físicamente atractivos terminaban la noche solos.
Con el espíritu científico siempre presente descartaron la excusa miserable que reduce todo al dinero, ya que uno no se acerca a una mina a las cuatro de la mañana para mostrarle las llaves del auto y un resumen de le cuenta bancaria. ¿Pero no es tener dinero signo de estatus? Sí lo es, pero el estatus no se agota ahí. 
Se dieron cuenta que la percepción que las mujeres tienen sobre el estatus de un hombre tiene mucho que ver con señales de tipo más irracional, que en primera instancia son muy difíciles de ser asimiladas por los hombres ya que, bueno, ¡hombres y mujeres son diferentes!
La forma de vestir, de caminar, de hablar, de guardar silencio, la velocidad de reacción, etc. todo esto es calibrado por las mujeres a la hora de evaluar el estatus de un hombre.
Obviamente que no es lo mismo lo que es visto como estatus en un hombre de 22 años que en uno de 40, pero lo importante es que el estatus es crucial en el momento de la atracción.
Otra observación fue lo que podríamos definir como “desregulación del mercado sexual”. Se dieron cuenta que la sumatoria de anticonceptivos, feminismo, liberación sexual y corrección política tiene efectos muy curiosos, tanto en lo que a vida nocturna en particular se refiere, como a nivel social en general.
En un pasado no tan lejano, cuando la relación entre hombres y mujeres se definía a partir de patrones más tradicionales donde el matrimonio era clave, los hombres con estatus alto (llamados “alfa”), obviamente eran los más atractivos y por lo tanto eran los que elegían más libremente a sus parejas. Pero debido a que la monogamia tenía todo el peso de la sociedad para sustentarla, una vez que elegían salían del “mercado” dejando al resto de las mujeres para hombres con menos estatus. Esto permitía que hombres sin tanto estatus (llamados “beta”) pudieran también conseguir pareja, resultando en que la mayoría de los hombres y las mujeres accediesen a un compañero del sexo opuesto.
Ahora bien, cuando toda esta estructura social cae, lo que ocurre es que  los “alfa” se convierten en predadores y las mujeres disfrutan de esto ya que tienen libre acceso a una vida sexual con hombres de estatus, mientras que los “beta” ven sus posibilidades muy reducidas. Con el paso de los años, si bien las mujeres han usufructuado este mercado desregulado, no consiguen que un “alfa” se comprometa con ellas a largo plazo ya que, ¿por qué habría de hacerlo? Este tipo de hombre tiene acceso ilimitado al mercado sexual a la vez que percibe el matrimonio como un plan terriblemente peligroso para su hedonismo libertario y debido a leyes de divorcio que lo arruinarían financieramente. 
Además lo que el hombre ve como atractivo en una mujer es la juventud y la belleza. Poco le importa si es una ejecutiva exitosa o si su cuenta bancaria es suculenta. Esto significa que para cuando llegan a los 30 años, para una mujer salir a buscar esposo es algo terriblemente complicado y sus posibilidades son cada vez más bajas.
Como hemos mencionado la comunidad llamada “Manosphere” nació con un objetivo muy concreto y es de alguna forma una materialización extrema de la sociedad actual. Jóvenes hedonistas lanzados como predadores furiosos en busca de placer sexual, estatus y diversión. ¿Cómo es posible que terminen en una crítica de todo aquello en lo cual fundamentan buena parte de su búsqueda? ¿No es acaso la libertad sexual algo esencial para estos tipos? ¿No deberían en realidad apoyar un mercado sexual desregularizado que les asegurara una fuente eterna de jóvenes mujeres en busca de hombres de estatus?
Y es acá que la capacidad de observación y crítica tan característica de esta comunidad una vez más sale a relucir. Desde hace ya un tiempo, se nota una suerte de efecto “burnout” entre los más veteranos y los no tanto. Levantar minas no es suficiente cuando después de unos polvos querés que la mina desaparezca porque no hila tres ideas seguidas. Inclusive es peor en el caso de minas “educadas” ya que en realidad lo único que tienen es un lavado de cerebro fenomenal que las hace incapaces de entender por qué  son infelices o por qué  muy pronto lo serán. Simplemente no hay forma de explicarles que una profesión no va a llenar el vacío que viene creciendo en su interior.
De alguna forma estos hombres comienzan a reconectarse culturalmente con formas más tradicionales de existencia. Hombres y mujeres somos diferentes, nos mueven cosas diferentes y el paso del tiempo hace que apreciemos cosas en forma diferente. Sin embargo, las visiones tradicionales de la vida lograron registrar, codificar y hacer que estas diferencias trabajaran en forma mancomunada mirando hacia el futuro, permitiendo dar un sentido de trascendencia para el cual estamos predeterminados.
La vida simplemente es mucho más que coger e ir de compras.