Dominique Venner:

“Les explico donde se equivoca el Front National y todos los populismos”


No son pocos los electores franceses que comulgan con gran parte del programa propuesto por la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen –casi 11 millones han votado en las últimas elecciones a favor de dicho partido-. Un resultado absolutamente histórico. Muchos de ellos empezaron tiempo atrás, a tomar conciencia de los riesgos a los que se enfrenta el pueblo francés como sociedad, de continuar un modelo de país como aquel llevado a cabo por Sarkozy o por Hollande en los últimos 10 años.


Un caso aparte, y que ha dejado un gusto amargo entre aquellos franceses convencidos de la necesidad de un cambio radical en la política del país galo es la idea del “Frexit”, propuesta ad nauseam por los máximos referentes del Front National.

Es decir, aquella idea de quitar a Francia de la Unión Europea –referéndum de por medio- tal como lo han hecho los ingleses poco tiempo atrás.


La diferencia fundamental, radica en el hecho de que el Reino Unido jamás formó parte de la Unión Europea ni quiso serlo.

Francia, en cambio, cuyas fronteras naturales limitan con Italia, España, Suiza, Bélgica y Alemania es uno de los pilares fundamentales de la Europa occidental y se nutre, al igual que sus hermanos vecinos, del intercambio económico, cultural, intelectual, científico e industrial con dichos países.
Un aislacionismo al estilo chino, ruso o americano es inviable en un país con escasísimos recursos naturales, e incapaz de autoabastecer en materias primas y producción de bienes de consumo, a los 65 millones de seres humanos que habitan suelo francés.
Al mismo tiempo, la retirada de Francia de la Unión Europea exigiría un cambio radical en la forma de vivir de los franceses, que se sienten al día de hoy, inevitablemente europeos. Y fue precisamente ello, lo que le ha costado la victoria al Front National. De no haber hecho jamás referencia alguna a una salida estrepitosa y apresurada de la Unión Europea, probablemente el desenlace hubiera sido otro...


En este momento donde los resultados de las elecciones presidenciales francesas monopolizan la atención de los observadores de medio mundo, ha comenzado a circular nuevamente un artículo de Dominique Venner escrito por el sitio -Polemia- el 8 de mayo de 2012, casi exactamente un año antes que el gran escritor e historiador se entregara voluntariamente a la muerte en la catedral parisina de Notre Dame.
Se trata de un comentario realizado con motivo de las pasadas elecciones francesas del 2012 que vieron como perdedor al ex presidente Nicolas Sarokozy y como vencedor a François Hollande, terminando Marine Le Pen en tercer lugar con el 18% de los votos.
He decidido traducir el texto en español dejando traslucir aquellos párrafos que más se condicen con la contingencia electoral de aquella época, dado que el análisis efectuado por Venner ofrece todavía y 5 años después, un importante punto de reflexión:


“Los dos momentos de la elección presidencial de mayo de 2012 me empujan a la reflexión para nada electoralista ni política. Algo mucho más importante ha sucedido, que era poco previsible y que deseo resumir en dos consideraciones principales: (…) La novedad de esta campaña es el Front National enteramente rejuvenecido y dinamizado por su líder. Favorecida con cualidades propias y con una carrera dura pero tenaz, Marine Le Pen ha podido hacerse escuchar en esa Francia que sufre, representando una verdadera esperanza. Su 18% de votos en la primera vuelta representan un suceso más que importante en cuanto viene acompañado de una renovación importante del electorado.
Con Marine Le Pen, el Front National ha cambiado fisonomía. Ha perdido esa imagen agresiva que era su estilo para mostrarse “moderno” sobre ciertas cuestiones sociales (contracepción, aborto) y cerrado sobre la cuestión de la inmigración. El Front National se ha convertido en el gran contenedor de los identitarios franceses, a menudo muy jóvenes que rechazan la inmigración.


Para resumir, la grande época bipolar querida por el viejo Gaullismo ha terminado. Ello se ve al mismo tiempo que pasa y cambia cada cosa, a los errores y al temperamento de Sarkozy, pero también a las cualidades de Marine Le Pen sin querer hacer previsiones, naturalmente, sobre un futuro que nosotros ignoramos.

A tal fin es necesario resaltar una conducta inquietante que no es propia del Front National pero que sí parece común a la mayor parte de los partidos “populistas” europeos (utilizo este término en una acepción para nada peyorativa). Como la mayor parte de sus emuladores europeos, el Front National sufre de una suerte de “enfermedad infantil”, como habría dicho Lenin.


La enfermedad infantil del populismo puede ser diagnosticada como un desconocimiento dramático de la realidad europea, en una tentación retrograda de volver a ese cuadro confortante de viejas naciones salidas de la historia, eso de una “Francia aislada” (como si nosotros estuviésemos todavía en la época de Luis XIV).
Es una opción difícilmente sostenible en un mundo constituido de enormes potencias y vastas zonas en conflicto, donde evidentes catástrofes se asoman en el horizonte.
Comprendemos por otro lado, la justificada desconfianza hacia las instituciones de la actual Unión Europea, que de europeo tienen solamente el nombre, siendo en realidad mundialistas en su ideología y en sus proyectos. Pero con el pretexto de que una oligarquía desnaturalizada haya puesto en funcionamiento un sistema aberrante (más jacobino que federal), ¿es necesario rechazar también todas aquellas propuestas sobre un bloque europeo, y que podían ser justas
en sus orígenes? (¿evitar otra guerra fratricida entre Alemania y Francia y construir un sistema geopolítico coherente en relación a los otros bloques mundiales y que dispusiera de una moneda propia, respecto al dólar o al yen?


¿No convendría entonces construir un nuevo proyecto movilizador, aquél de una nueva Europa Carolingia, que lleve a una refundación completa de las instituciones, a fin de que ello permita una verdadera unión federativa de pueblos hermanos y no sean en cambio, el instrumento dictatorial de ideologías mundialistas y oligarquías mafiosas?
¿No sería necesario finalmente, recordar claro y fuerte ante todo, nuestra pertenencia a una civilización europea que se justifica y que echa sus profundas raíces en nuestra más remota antigüedad común, sea ella griega, romana, celta, o germánica?”.


Dominique Venner.