La era Trump y Latinoamérica

 

El nuevo inquilino de la Casa Blanca representa una gran incógnita al carecer de una base ideológica como sus antecesores. Esto supone un desafío para los norteamericanos y el resto del mundo porque el carácter imprevisible de Trump podría generar tensiones geopolíticas, incertidumbre económica y retroceso en áreas como la investigación científica, la protección del medioambiente y los derechos civiles de colectivos y ciertas minorías étnicas.

 

 

El triunfo de Donald J. Trump en noviembre último resultó realmente inesperado para la mayoría del mundo, excepto para sus partidarios más acérrimos, aquellos seguidores de la clase blanca estadounidense conservadora, empobrecida y rural que perdió toda confianza o expectativa en el mal llamado “sueño americano” y anhela que EE. UU. sea grande de nuevo (Make America Great Again! fue lema de la campaña presidencial de Trump). Esta base social obrera, cristiana, poco educada y campesina, en la que apoyaron presidentes como Ronald Reagan y George W. Bush, esperaba con ansía un cambio, y eso fue precisamente lo que ocurrió y prometió Trump a lo largo de la campaña presidencial frente a una candidata demócrata que representaba al ‘establishment’ de la clase política afincada Washington D.C.

Este descontento con el rumbo que tomaba el país para un sector del electorado –tras ocho años de la presidencia de Obama- se trasladó finalmente a las ánforas el día de la elección y el resultado fue la apabullante victoria en el colegio electoral del candidato menos vinculado a la élite política. Ciertamente algo tenía que cambiar y muchos no se percataron de ello. El desgaste natural producido por una administración demócrata que se había quedado sin ideas, apelaba a una retórica vacía y no cumplió la mayoría de sus promesas, produjo el actual giro en la nación más poderosa del planeta.

Ahora bien, este nuevo escenario plantea una serie de interrogantes en América Latina, y en particular en mi país, Perú, porque se teme que el libre comercio, uno de los pilares del orden económico mundial, establecido tras el Consenso de Washington, puede verse afectado por la aplicación de políticas proteccionistas por parte del presidente republicano. Esto preocupa en demasía a aquellos países cuyo gran socio comercial es Estados Unidos, y también, en efecto, a aquellos que dependen principalmente de la exportación de materias primas o ‘commodities’ a otros mercados mundiales, toda vez que la reciente volatilidad experimentada por la incertidumbre norteamericana afecta directamente sus precios.

En el caso concreto de Perú, es preciso mencionar que el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) fue el primer mandatario de un Estado latinoamericano en reunirse con Trump en fechas recientes, algo que todavía no ha podido conseguir el presidente mexicano Peña Nieto tras el impase por su política antimigratoria y la construcción de polémico muro cuyo pago Trump

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pretende endosarle a México. La visita del político peruano se gestó, según versión de la Cancillería, para afianzar los lazos económicos y diplomáticos entre ambas naciones. Sin embargo, se sabe que Perú fue escogido por su adhesión ideológica a las políticas económicas neoliberales implementadas a principio de la década de los noventa durante el gobierno de Alberto Fujimori, hoy sentenciado por delitos de lesa humanidad y corrupción. Perú ha sido exhibido en distintos foros internacionales como un caso de éxito para demostrar que el modelo económico funciona y puede ofrecer excelentes resultados macroeconómicos y sociales, a fin de combatir la inflación, generar crecimiento sostenido, elevar la calidad de vida, entre otros. Pero la realidad socioeconómica es muy distinta a como la pregona el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), toda vez que el modelo no ha podido reducir las enormes brechas sociales (la desigualdad) y la pobreza extrema continúa presentando resistencia para ser eliminada o reducida.

Si bien Trump todavía no ha definido las líneas maestras de su política exterior, y no parece potenciarla al nombrar como Secretario de Estado a Rex Tillerson, ex director ejecutivo de Exxon Mobil, inexperto en asuntos diplomáticos y geopolíticos, no es desconocido que América Latina ha perdido relevancia en las altas esferas de Washington; salvo por el particular caso mexicano, por compartir frontera con Estados Unidos y presentar desafíos en materia de seguridad por el elevado tráfico de drogas, la venta indiscriminada de armas y el constante flujo migratorio ilegal.

Se especula que el presidente Kuczynski consiguió la cita con Trump por sus conexiones con el sector empresarial norteamericano. PPK (Kuczynski) viene de las canteras universitarias anglosajonas (estudió en las universidades de Oxford y Princeton), trabajó en el mundo de las finanzas corporativas y radicó mucho tiempo en EE. UU. Además estuvo casado con la hija de un miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos por Massachusetts. Su trayectoria profesional revela que pasó por el Banco Mundial bajo las órdenes de Robert Mcnamara, ex secretario de estadounidense; y también fue director de importantes de compañías petroleras, siderúrgicas, automotrices, etc. Destaca el hecho de haber participado en la reunión del Club Bilderberg que se realizó en Austria en representación del First Boston Capital en 19881. PPK obtuvo la ciudadanía norteamericana varias décadas atrás, la que le sirvió para operar fondos de inversión o capital privado en jurisdicciones como Delaware, conocido paraíso fiscal norteamericano, donde constituyó sociedades Off-shore para canalizar transferencias regionales entre distintas firmas.

Las vinculaciones antes descritas presentan a un claro operador de los intereses de los grupos de poder mundiales. Otro hecho que avala esta afirmación es el ‘lobby’ realizado por PPK para conseguir, mediante influencia política o participación directa en cargos públicos (antes de ser presidente fue primer ministro o jefe de Gabinete, ministro de Economía y ministro de Energía y Minas) modificaciones legislativas o contratos para las firmas que representaba como directivo o

11988 Bilderberg Meeting Participant List, del portal Public Intelligence. Publicado el 15 de febrero de 2010. Disponible en: https://publicintelligence.net/1988-bilderberg-meeting-participant-list/

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asesor. Esto lo pudo comprobar The Wall Street Journal en 2007 mediante un reportaje sobre los arriesgados proyectos de Hunt Oil Co., una petrolera de Dallas, Texas, ligada a PPK2.

Durante la reunión trascendió que PPK solicitó a Trump facilidades, de parte de la Secretaría de Estado, para que dé visto bueno a la solicitud de venta de material bélico por valor de 660 millones de dólares. Esta operación sería clandestina porque existe un proceso en marcha por parte de las Fuerzas Armadas para adquirir esos equipos previa evaluación del material de los potenciales oferentes. Pero lo más importante o trascendental de su viaje se produjo cuando acudió a la Universidad de Princeton a recibir una distinción como exalumno destacado. Durante su presentación declaró que Estados Unidos no invierte mucho tiempo en América Latina, a diferencia de otras regiones como el Medio Oriente. “Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas. Como el medio oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”3, señaló PPK.

Esto pone de manifiesto el vigente complejo de inferioridad de quien, aún en el inicio de la decadencia norteamericana, considera que Latinoamérica es y sigue siendo un patio trasero de EE. UU. Al respecto, el sociólogo e historiador peruano, Nelson Manrique refirió que “(...) el problema (de PPK) va por otro lado. No es el presidente de una nación latinoamericana (con la problemática carga histórica que esto supone en las relaciones con el vecino del norte, precisamente cuando se va a construir un muro para partir en dos a América) el que está hablando, sino un gringo conversando con otros gringos, recurriendo a los tópicos con que los gringos suelen caracterizar a sus vecinos del sur: mascotas a sobrellevar, como “un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita”, o problemáticas, como Venezuela, a cuyo gobierno PPK ha pedido “dar un paso al costado”. PPK va a tener que definir de qué lado está su corazón”4.

Las declaraciones de PPK reflejan, sobre todo viniendo de un mandatario, el modo en que somos percibidos y nos concebimos a nosotros mismos frente al mundo. La servidumbre o esclavitud en el país todavía es mental, viejo rezago colonial, pese a los esfuerzos y campañas por reivindicar algunas expresiones culturales nacionales como la cocina peruana, la industria del pisco, importantes yacimientos arqueológicos y costumbres milenarias. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, las aseveraciones de PPK no causaron mayor repudio o revuelo en la opinión pública nacional, salvo por algunas manifestaciones temporales de rechazo en redes sociales. No se convocaron marchas ciudadanas en señal de protesta ni el presidente fue interpelado por el Congreso. El asunto fue rápidamente olvidado a nivel local; sin embargo, en el ámbito continental el presidente venezolano Maduro reprochó duramente a PPK por tales afirmaciones.

2Hunt Family Rushes In Where Big Oil Fears to Tread por Bob Davis. Disponible en:

https://www.wsj.com/articles/SB119808938080039931

3Diario Gestión. PPK en Princeton: “Para EE.UU. América Latina es como un perro simpático que no genera problemas”, del 25 de febrero de 2017. Disponible en: http://gestion.pe/politica/ppk-princeton-eeuu-america- latina-como-perro-simpatico-que-no-genera-problemas-2183131
4Diario La República. De perros, chacales y ratas. Nelson Manrique. Disponible en: http://larepublica.pe/impresa/opinion/852354-de-perros-chacales-y-ratas

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Esto dio lugar a una nota de protesta de la Cancillería peruana y el llamado a consultas del embajador peruano en Venezuela.