MENAGE ATROZ: DONALD TRUMP, LOS LATINOS Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

 

 

Detesto dar explicaciones, pero en este caso me veo en la obligación moral de hacerlo, las líneas que siguen a este sugerente título no es un artículo sobre las políticas del presidente Donald Trump, pues hasta la fecha estas no existen más allá del plano teórico, y a cualquier observador y crítico político sagaz la situación nos exige cuanto menos precaución, principalmente porque ya sabemos de sobra quien ejerce verdaderamente el poder en Estados Unidos y más aún con el recuerdo cercano de la experiencia de “Mr Change” Obama, que pese al estilo joven, dinámico y hasta “funky” de su campaña, pasará a la historia por el dudoso mérito de ser el presidente que más promesas electorales ha incumplido, empezando por el cierre de Guantánamo y la retirada de efectivos militares de Afganistán.

El tema que se va a tratar es la percepción por parte de los latinoamericanos del fenómeno Tump, y el papel que en su distorsión intencionada han jugado los medios de comunicación, siendo en última instancia una llamada a la reflexión y a la necesidad de profundizar e ir más allá cuando uno decide adquirir una posición política.

                                                                    Latinos for Trump
Cuando analizo la opinión pública de Ecuador, mi país de acogida, siempre recuerdo las tesis de Gustave Le Bon sobre la psicología de masas, especialmente lo tocante al carácter sentimental e irracional de éstas, y como precisamente este aspecto las convierte en algo perfectamente manipulable, y eso que cuando el autor francés desarrolló sus teorías los medios de comunicación aún se hallaban en fase embrionaria, por lo cual no tuvo en cuenta el potencial que estos tienen (y que sobradamente han demostrado), para encauzar los sentimientos de las masas hacía intereses concretos.


Sumemos a esta ecuación la anatemización de ciertas palabras, como es el caso del término “racismo”, suficiente para lograr el rechazo irracional de cualquier argumentación desde el simple momento en que se termina de pronunciar, uso en el cual, los profesionales de la (des)información son perfectamente diestros.


¿Por qué planteo estas premisas? Simplemente por el hecho de que toda la campaña política de Trump respecto a los países latinos, ha sido condenada de manera unánime por la opinión pública de éstos precisamente por eso, porque es “racista” ¿Sin embargo hasta qué punto podemos hablar de racismo en la campaña del nuevo presidente?


Simplemente el discurso de Trump ha hecho una crítica (poco sutil pero respetable) a la llegada masiva de inmigrantes procedentes de dos orígenes: los países musulmanes y México.

El  rechazo a esto no se ha basado en ningún caso en base a presunciones de carácter supremacista, si no en dos aspectos; en el caso de los musulmanes a la amenaza del terrorismo yihadista y en el caso de los mexicanos a su vinculación con el tráfico de drogas y con la devaluación de las condiciones laborales que la llegada de mano de obra barata y desesperada puede generar para los países receptores.

                                                                     marcha antitrump

Tampoco se ha hablado de deportaciones, ni de un cierre radical de las fronteras, pese a la hipérbole de “el muro”, simplemente un mayor control fronterizo y una erradicación de la inmigración ilegal.


No voy a entrar a debate sobre si son correctas o incorrectas esas medidas, y mucho menos si van a tener un efecto real, lo que si me gustaría es señalar las consecuencias hipotéticas que estas pudieran generar en Centro y Sur América, y es que no es bueno ignorar el hecho de que un muro funciona de manera bidireccional.


Me explico, comprendo una oposición a Trump por parte de la derecha liberal y otros apóstoles del libre comercio que pueden encontrar en las propuestas políticas del nuevo presidente una traba para sus negocios de carácter transnacional, enmarcados en la idea de las deslocalización de capitales y el abaratamiento de costos productivos mediante el empleo de mano de obra en ínfimas condiciones laborales. Ahí es perfectamente coherente el resentimiento ¿Pero qué ocurre con la izquierda?


Y más si tenemos en cuenta que la izquierda tradicional latinoamericana, a diferencia de la europea, siempre fue ardientemente nacionalista, llegando a popularizar a lo ancho del globo lemas tan sonoros como el célebre “gringo go home”, ¿Por qué entonces se oponen a lo que dice  Trump? ¿No es tal vez el primer presidente en décadas que ha renunciado a ese afán intervencionista y totalitario democrático que tan molesto ha resultado al militante de izquierdas latino? ¿No es tal vez una oportunidad de que por fin el “gringo” se marche a su casa y allí se quede, albergado tras su muro, cuidando de sus propios asuntos sin interferir en los de los demás? Sé que se trata de algo  de más que escasa probabilidad por lo planteado en mi primer párrafo, ¿Pero acaso no es un aspecto digno de contemplar?
Sin embargo, la inmensa mayoría de ciudadanos ecuatorianos de izquierdas no ha reparado en este aspecto, pues el uso mal intencionado de la palabra maldita “racismo” y la carga sentimental que arrastra, se ha impuesto a cualquier análisis geopolítico y estratégico, logrando, de este modo los medios, como si del Flautista de Hamelin se tratara, que izquierda y derecha bailen de manera antinatural al mismo son y que expresen juntos y a voz unánime su rechazo a Trump “el racista”, grito de guerra que por cierto coincide plenamente con los intereses de los globalistas,

¡Que coincidencia! ¿No?